Desde el BAFICI, crítica a I Sell the Dead

Siendo que desde hace algunos días se está realizando en distintas salas de la capital de Bs. As., el Festival de Cine Independiente, o también llamado BAFICI, aproveché para ver, y comentar algunas de las peliculas más renombradas del festival.

Una de las sorpresas poco geniales con las que me encontré el sábado a la noche fue “I Sell the Dead“. Dirigida por Glenn McQuaid, y contando en su reparto con Dominic Monaghan, Ron Perlam, Angus Scrimm, y Larry Fessenden. El argumento oscila entre géneros de común saber. Un terror vampiresco, una bizarreada que no se sabe muy bien por donde le pasa la seriedad ( si es que le pasa), y un tono de comedia que logra que convivan lo mejor posible los dos géneros anteriores.

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La historia trata sobre dos ladrones de cadáveres, para entregárselos a un muy reconocido Doctor del pueblo (sitúese en época de norteamérica de sus comienzos), quien los obliga a seguir robando, cada vez más frescos, y de a mayores números, a cambio de no delatarlos a la policía. Ambos ladrones se ven forzados a continuar con su trabajo, durante muchos años. Hasta que una noche se topan con un cadaver distinto a los acostumbrados. Con un collar realizado con ajos, y una estaca clavada en el corazón, ambos protagonistas ignoran haberse topado con una mujer vampiro reciéntemente engendrada. Y al liberarla de su “sueño eterno”, descubren que pueden, al entregarla al Doctor, acabar con todos sus problemas, y así continuar con su trabajo, de manera mucho más relajada. Así, la aparición de “extrañezas” se vuelve más frecuente, hasta que una oportunidad única en sus vidas los pone entre la espada y la pared, siendo, finalmente, capturados por la policía, y declarados a muerte.

Ahora bien, contando con un Arte y una Fotografía espectaculares, el argumento se cae de maduro. No posee siquiera un buen manejo de los recursos dramáticos propios de cada género empleado. Un tono de comedia que no termina de ser, una ironía que no termina de ser, un terror que no termina de ser. Una película de las que se pueden esperar entre pochoclos y gaseosa de marca en una sala por demás comercial, y con una entrada demasiado cara. De esas películas que durante la adolescencia entretienen, porque todo entretiene en la adolescencia.

Yo creo que si se hubiera apostado por completo hacia el género de terror, habrían logrado un film realmente bueno. Pero en este punto de género “ni”, poca emoción generaron en un público espectador, muy propio de Festival.


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